diumenge, 6 de maig de 2012

Prácticas masterizadas


¿Quiere pasar un mes de su vida sudando la gota gorda y sacrificando gratuitamente horas de sueño? No se preocupe, ¡aquí conocemos la solución! Sólo debe apuntarse a un Máster en Traducción Audiovisual, esperar a que se oferten unas prácticas y ofrecerse voluntario para trabajar sin cobrar. Mano de santo, oiga.

Hace ya meses que quería escribir sobre mis prácticas no presenciales pero, después del mes tan agotador que me hicieron pasar, no tuve fuerzas para hacerlo justo cuando las terminé y mi vida estos tres últimos meses ha sido bastante caótica, por definirla de alguna forma. Bien, puede parecer que lo he pasado fatal realizando estas prácticas y… realmente fue así en algunos momentos, pero no desesperemos, que no hay mal que por bien no venga y a todo se le puede sacar un lado positivo. Está claro, el lado positivo es el que seguramente ya os estaréis imaginando porque es lo “estándar”: lo bueno de las prácticas es que ganas experiencia y ves cómo se trabaja en tu campo. Una dosis de “cruda realidad”. Antes de seguir escribiendo me gustaría hacer una aclaración: aunque lo haya puesto en la “presentación” de esta entrada, el hecho de no haber cobrado por las prácticas no me supone ningún problema, ya que la organización del máster nos avisó desde el primer momento de que no tendríamos ninguna remuneración económica. Está claro que siempre hubiera sido mucho mejor poder cobrar algo, pero bueno, quien avisa no es traidor, como dicen. De todas formas, para que entendáis el estrés, voy a intentar resumir detalladamente cómo transcurrió el mes de prácticas.

Pero, ¿prácticas de qué?
A lo mejor os estáis preguntando en qué consistieron exactamente las prácticas que realicé. Pues bien, se trataba de traducir (según la oferta, subtitular) los extras y audiocomentarios de los DVD de una serie. Para ello, formamos un grupo de cinco traductoras, que éramos las que en aquél momento realizábamos prácticas con la empresa, claro. Empezamos las prácticas el día 13 del mes de enero y teníamos exactamente un mes para entregar la traducción de todos los contenidos de los extras.

El comienzo. En busca del material defectuoso.
La mayoría de traductores audiovisuales son autónomos, por lo que realizan el trabajo en casa. Ahora, la mayoría de veces, el material y todo lo que vas a necesitar te lo envían por internet, pero en el caso de estas prácticas teníamos que desplazarnos al estudio para recoger el material que íbamos a necesitar. Dos de nosotras nos ofrecimos para ir a buscar el material de todas las compañeras, ya que nos era más fácil desplazarnos hasta allí por motivos de distancia.  Todo hubiera ido bien si los materiales que nos dieron hubieran funcionado, pero no fue así. 

Pienso idear un ataque terrorista como el próximo DVD no funcione...
Teníamos un mes para realizar la traducción y casi ningún DVD funcionaba. Aquí, debo  admitir, nosotras también fallamos en algo: no comprobamos si teníamos problemas con todos los DVD, sino que sólo miramos el primero que nos tocaba traducir. Evidentemente, esto nos hizo tener que desplazarnos más de una o dos veces porque la mayoría de los DVD no funcionaban bien. Así que el tiempo se nos echaba encima y había momentos en los que no podíamos trabajar porque nos faltaba material.

¿Dónde están los subtítulos?
En nuestra oferta de prácticas ponía bien claro, “subtitulación”. A mí, personalmente, la subtitulación no me apasiona mucho y en realidad es uno de los tipos de traducción audiovisual que más cansino me resulta; no obstante, en esta vida hay que aprender a hacer de todo porque nunca se sabe y, además, estas prácticas, al ser no presenciales, eran las que yo tenía la posibilidad de realizar porque trabajo. El caso es que todas estábamos esperando aprender algo sobre subtitulación pero no fue así, ya que lo único que tuvimos que hacer fue traducir textos de unos documentos de Word. Es decir, ni aprendimos a usar programas especializados ni aprendimos ningún criterio para subtitular ni nada que tuviera que ver con la subtitulación.

Confusión en los plazos
Como ya he dicho antes, supuestamente teníamos el plazo de un mes para entregar la traducción. Cuál fue nuestra sorpresa al empezar a recibir e-mails (en tono no muy agradable, si se me permite decirlo) preguntando que dónde estaban nuestras primeras traducciones. Creo que aquí el fallo fue que hubo bastante falta de comunicación por parte del estudio, ya que nadie nos avisó de que tendríamos que ir entregando material traducido cada cierto tiempo. 
¿De qué habla este señor que me envía e-mails?
Nosotras pensábamos que tendríamos un mes para traducirlo todo, porque además, al ser prácticas no presenciales, cada una se organizaba como podía, que esa es, en principio, la idea. Por suerte, todas habíamos adelantado trabajo y no nos supuso mucho problema empezar a enviar cosas, pero hubiera sido mejor saber que nos teníamos que organizar de esa forma desde el principio para ahorrarnos problemas.

Falta de comunicación
Como ya he comentado, creo que la falta de comunicación por parte de la empresa fue algo que nos desanimó bastante, ya no solo por los problemas como con los plazos de entrega, sino también porque no se nos tenía a todas en cuenta. Está claro que si somos un grupo de traducción y se nos comunica algo a una o dos de nosotras, nos encargaremos de informar a las demás de lo que se nos haya dicho pero a veces puede resultar un poco molesto que a ti no te lleguen los mismos e-mails con información que a los demás. Aunque, sobre todo, lo que molesta es no recibir la confirmación de que tu archivo ha llegado, ya que esto te causa inseguridad y puede traer problemas. Y más si has pedido previamente una confirmación.

¡Sorpresa! No todo es negativo
No lo es. El esfuerzo de un mes también tiene su lado positivo. En primer lugar, conseguir realizar todo el trabajo en el plazo. Evidentemente, eso es un deber, pero cuando hay que combinarlo con tres o cuatro cosas más supone un reto que al ser superado es satisfactorio
Qué bien sienta esto de volver a dormir....
También tuvimos la oportunidad de visitar un estudio de doblaje que es cliente de la empresa en la que realizábamos nuestras prácticas. Esto fue una experiencia interesante ya que vimos en directo el funcionamiento de algunas de las cosas que estudiamos en clase.
Al empezar las prácticas ya se nos había comentado que nuestros nombres aparecerían en la ficha técnica de los DVD. Esta era otra motivación para seguir trabajando duro y conseguir el mejor resultado que pudiéramos. La sorpresa no fue que incluyeran nuestros nombres en la ficha técnica, sino que nos regalaron un pack de los DVD a cada una. Así pues, después de todo el esfuerzo, tuvimos nuestra recompensa y pudimos ser felices y sonreír.

¡Al fin eres mía, ansiada libertad!



dimarts, 27 de març de 2012

De conferencia en conferencia se te aclara la conciencia

Vale, admito que lo del título puede que haya sido una gracia con la que solo me voy a reír yo, pero es que iba a escribir “de conferencia en conferencia y tiro porque me toca” y entonces he pensado que no podía escribir eso porque estaría traicionando a mi yo traductor. Si hay una rima en el original, hay que intentar mantenerla siempre que se pueda, es mi convicción, así que tenía que arreglarlo de alguna manera. Además, me va bien andar inventando rimas para ir entrenando antes de ponerme a hacer el trabajo final de doblaje, que consiste en traducir un clip de dibujos animados con cancioncitas incorporadas. Concretamente, este es el vídeo: 






Pero bueno, dejando de lado mis numerosos deberes como estudiante del MTAV (admito que a veces me gusta un poco regodearme contando mis cosas del máster para darle envidia sana a mi amiga Laura), os voy a hablar de lo fantásticos que han sido estos días pasados. Sobre todo el jueves y el viernes, porque tuve la oportunidad de asistir a la Second International Conference on Translation and Accessibility in Video Games and Virtual Worlds y me encantó la experiencia.

La verdad es que yo ya era muy consciente de mi amor por los videojuegos y de que era una de las cosas del máster que más me llaman la atención, pero el hecho de asistir a estas conferencias ha hecho que aumenten tanto mi curiosidad como mis ganas por intentar adentrarme en este campo de la traducción. Durante esos dos días pude disfrutar de charlas y más charlas de traductores profesionales de distintos temas que me parecieron interesantísimas porque descubrí nuevas formas de ver las cosas y nuevos proyectos que me parecieron geniales. Otra de las cosas que más me gustó fue que los participantes de las conferencias no fueran sólo traductores: también hubo ponentes que no tenían nada que ver directamente con el campo de la traducción porque venían del mundo técnico. Juntar a gente de diferentes disciplinas (que están, de alguna manera, relacionadas) para que expongan sus ideas y diferentes puntos de vista me parece una idea estupenda porque así es como puede haber comunicación y así es como un engranaje (como es el proceso de traducción) puede llegar a funcionar bien. Además de todo eso, también está el hecho de que, por algún motivo, ver a una de tus compañeras del máster dando una charla que crea furor te llena de orgullo y satisfacción. Otra de las cosas que me animó de las conferencias es que éramos todos relativamente jóvenes. ¿Por qué me alegro de eso? Porque, como dijo una de las organizadoras en el acto de cierre, si sólo la gente joven asiste a los eventos relacionados con este campo profesional significa que los más mayores no están interesados en él y que, por tanto, puede que haya un abanico más amplio de posibilidades para nosotros, los newbies. Además de eso, asistir a las conferencias me ha hecho recordar que tengo un trabajo final en el máster y hace tiempo tuve una idea para hacerlo sobre videojuegos. Así que, le enviaré un e-mail a mi querida profesora para preguntarle si mi idea sería viable (de momento sólo os diré que tiene que ver con un juego de PSP que no está a la venta en España y con el romhacking) y si me da el visto bueno me pongo con ello, porque la verdad es que me encantaría poder hacer ese trabajo. Se me ha olvidado comentar que, aparte de las conferencias, otro de los puntos clave de las jornadas del jueves y del viernes fueron los coffee breaks, las comidas y la cena; es decir, el hecho de poder socializarnos.

Aunque como sabéis, todo lo bueno llega a su fin alguna vez y, en este caso, todo terminó (al menos para mí) el viernes por la tarde, pero gracias al MTAV (lo siento, Laura) la tristeza me duró poco y el lunes tuve otra dosis de conferencias que me devolvieron a mi fantástico universo de la traducción. Esta vez, eso sí, la cosa no iba de videojuegos sino que se trataba de doblaje. Este es otro de los campos que también me interesa mucho (la verdad es que empiezo a preguntarme si hay alguno que no me interese…), aunque meterse en este mundillo es, al parecer, tremendamente más complicado. Si os preguntáis el motivo, es el siguiente: un señor muy simpático que hace mucho tiempo estudió biología y se especializó en el mundo arácnido, en su momento sabía inglés y empezó a traducir películas para finalmente convertirse en traductor audiovisual y tener ahora más de 900 películas de cine traducidas (y sí, sigue trabajando). Dejando de lado las bromas, creo que es cierto que en el mundo del doblaje existe un monopolio y que desde los estudios de doblaje buscan a los “traductores de siempre” porque les gusta su manera de trabajar. Si no, haced la prueba. Entrad en esta página: http://www.eldoblaje.com/, buscad unas cuantas películas que os parezcan conocidas y mirad quién es el traductor. Seguramente os pasará como a mí y veréis que empiezan a repetirse algunos nombres. Pero bueno, esto tampoco significa que tengamos que tirar la toalla. Puede que las películas importantes ya tengan traductores “predestinados” pero es que, la verdad, yo estoy empezando y no me gustaría hacerlo con una gran producción. Creo que prefiero empezar con cosas más sencillas e ir aprendiendo y cogiendo experiencia. 

Aunque, al revés del mundo, mi preferencia no es dedicarme al cine. Me da la sensación que casi todos mis compañeros del máster lo están cursando para poder dedicarse después a traducir películas y ese no es mi caso. Quizás incluso sería más feliz traduciendo series de televisión antes que películas, pero preferiría mucho más poder traducir videojuegos, así que creo que es lo que voy a intentar. Seguramente será difícil y tendré mucho trabajo pero bueno, quien algo quiere, algo le cuesta, ¿no? Además, si me esfuerzo mucho, mucho, mucho quizá algún día creen un juego nuevo de mi saga favorita de toda la historia de los videojuegos y me toque a mí traducirlo…


Estaría muy bien poder traducir las historias del reino de Hyrule, yo sería muy feliz. Y ahora que ya he soñado un rato despierta, creo que voy a volver a mis trabajos del MTAV.

diumenge, 12 de febrer de 2012

Con los pies descalzos

Hay veces en la vida en las que una tiene que hacer cosas que no le gustan para sobrevivir, sobre todo si esa vida pertenece a una estudiante de traducción. Sé que en mi post anterior mencioné mis ganas de centrarme básicamente en la traducción audiovisual, pero la verdad es que también me apetece hablar de otras de mis experiencias. Más concretamente, esta vez me apetece contaros una vivencia que tiene que ver con mi archienemiga: la interpretación. Sí, habéis leído bien, mi archienemiga. Recuerdo que en mis años mozos, cuando aún estaba cursando bachillerato, mi profesor de literatura española nos preguntó qué queríamos estudiar. Mi respuesta fue inmediata: “Traducción e Interpretación”, le dije. Entonces él dibujó una enorme sonrisa y, dirigiéndose a los demás compañeros les dijo: “¿Ven? ¡Eso sí que es una buena elección! Acabará usted siendo traductora de la ONU y ganándose bien la vida”. Dejando de lado el mal (aunque habitual) uso de la palabra “traductora” para referirse a intérprete y la tremenda imaginación por parte de mi profesor, debo decir que no hay nada más alejado de la realidad que tal afirmación. Con suerte yo nunca trabajaré de intérprete para la ONU. Y digo con suerte porque ya sé que uno puede llegarse a ganar muy bien la vida, pero creo que es mejor ser feliz que tener mucho dinero. Prefiero trabajar de lo que de verdad me gusta, que es traducir sentadita y a mi ritmo antes que morir de un infarto por estrés en alguna cabina. Pero no creáis, no siempre le he tenido esta tirria a la interpretación, que cuando empecé a estudiar la carrera todavía no era consciente de mi aversión hacia ella porque, como dicen, no puedes decir que no te gusta algo que nunca has probado.
El caso es que mi experiencia con la interpretación es algo, digamos, un poco fuera de lo común. Cuando se habla de intérpretes, supongo que a todos nos viene la misma imagen a la cabeza: gente bien vestida encerrada en una cabina rodeada de micrófonos y otros artilugios. No obstante, existen muchos otros lugares además de las conferencias en los que los intérpretes desarrollan su trabajo: comisarías, hospitales… Y, en el caso del que yo quiero hablaros, guarderías. Una de las cosas que más me gustan tanto de la traducción como de la interpretación es que siempre estás aprendiendo algo. Nunca habría imaginado que una guardería organizara cursillos de masajes para bebés dirigidos a padres primerizos. Tampoco hubiera imaginado que, en esos cursillos, todos los padres tendrían una monitora para ellos solos, ni que esas monitoras necesitarían otro cursillo previo al cursillo “real” para saber hacer bien su trabajo. Pero lo que menos me había imaginado era que la dueña de la guardería (y jefa de las monitoras) necesitaría una intérprete porque una supervisora del Canadá vendría a supervisar su trabajo, ni que esa intérprete acabaría siendo yo. Como veis, la situación no es precisamente típica. Mi trabajo consistía en asistir a todas las clases que se les daban a las monitoras durante tres días consecutivos de cursillo intensivo de 9 de la mañana a 5 de la tarde e interpretar todo lo que sucedía en esas clases para la mujer canadiense. Así que mi trabajo era, en realidad, hacer una interpretación inversa. Ya os podéis imaginar cómo terminaría mi cerebro, sí: hecho puré. Como diría mi madre, ¿no quieres caldo? ¡Pues toma dos tazas! Pero lo curioso de todo esto no es eso, sino las condiciones de trabajo. Para empezar, me llevé una gran sorpresa cuando vi que iba a estar en un rincón de la clase susurrándole al oído mi interpretación a la señora canadiense (que, por otro lado, era un encanto, lo que me facilitó bastante el trabajo) y “molestando” a todas las chicas que intentaban atender a las explicaciones, pero en parte eso era de esperar. La verdad es que lo que más me sorprendió no fue eso, sino que, el primer día, antes de entrar en la sala en la que se iba a dar el cursillo, mi jefa me paró y me dijo: “¡No, no! ¡Tienes que quitarte los zapatos antes de entrar! En esta sala sólo se puede entrar sin zapatos”. Así que, amigos, lo habéis adivinado, me pasé tres días interpretando con los pies descalzos.
Dejando de lado la situación más o menos curiosa en la que me encontraba, debo decir que las condiciones no eran las más idóneas para hacer un buen trabajo de interpretación, aunque yo, a pesar de mis nervios, intenté hacerlo lo mejor que pude y creo que tanto la jefa como la señora canadiense quedaron bastante satisfechas. Creo que el problema básico de la interpretación es el estrés constante al que te ves sometido. Casi no hay tiempo para reaccionar, tienes que tener una agilidad mental tremenda y a veces incluso debes adelantarte a los acontecimientos. En mi caso, otro de los factores (de hecho, poco “éticos” dentro del mundo de los intérpretes, estoy segura de que si alguno de mis profesores se hubiera enterado, me habría matado) que jugaba en mi contra era el tiempo: demasiadas horas consecutivas interpretando. Si no recuerdo mal, según lo que nos contaron en clase de interpretación, lo ideal es que un intérprete trabaje cuatro horas al día como máximo debido al desgaste mental y al estrés que causa el trabajo. En este caso, como ya he dicho, fueron tres días consecutivos interpretando desde 9 de la mañana hasta, prácticamente, las 5 de la tarde. Es cierto que había pausas, pero también es cierto que las pausas eran para los demás, no para mí, porque sin mi aquella simpática mujer canadiense no podía comunicarse con prácticamente nadie, ya que ella no tenía ni idea de castellano y casi ninguna de las asistentes al cursillo sabía nada de inglés. Al menos aquella mujer tenía en cuenta que no soy una máquina ni un diccionario y de vez en cuando me decía “no te preocupes, ya me las apañaré, tú descansa que debes estar muy cansada”, lo que se agradece mucho porque significa que tu trabajo está siendo valorado. De todas formas, lo peor era la hora de la comida. Todas íbamos a comer al mismo restaurante (no podía irme donde quisiera, básicamente, porque me pagaban la comida) y durante esa hora esperaba poder descansar y reponerme pero eso era sólo una vana esperanza sin fundamento alguno. Al ser la intérprete y casi la única que podía comunicarse con aquella canadiense estaba claro: debíamos sentarnos a comer en la misma mesa. Es decir, nada de tregua para una servidora porque, como ya sabéis, la gente es muy curiosa con los desconocidos y freían a preguntas a aquella pobre mujer durante la comida, entre otras cosas porque era el único momento en el que podían comunicarse con ella. Así que ya me veis a mí, intentando disfrutar de mi comida mientras interpretaba todo lo bien que podía las preguntas y respuestas de mis comensales. Para que os hagáis una idea, la imagen era algo parecido a esto:


Así fue mi primera experiencia con la interpretación. Aunque haya momentos en los que la he pintado bastante mal y a pesar del estrés y el desgaste mental enorme que me supuso el trabajo, tengo que reconocer que tampoco estuvo tan mal y me demostré a mí misma que podía hacerlo. Además, el último día, ¡me llevé unos caramelos canadienses de regalo que estaban buenísimos! 

dimecres, 5 d’octubre de 2011

¿Traductora o letrista?

Desde pequeña me han enseñado que cuando entras en un sitio es de buena educación saludar. Así que como esta es mi “entrada” en el mundo bloguero de esta temática voy a presentarme brevemente antes de empezar a escribir sobre lo que nos interesa realmente, que es la traducción (más concretamente, la traducción audiovisual). Pues bien, mi nombre es Laura, soy traductora y vivo en una ciudad pequeña de las cercanías de Barcelona. No sé en qué momento de mi vida he decidido que tener un blog sobre traducción era algo que debía hacer aunque fuera solamente por satisfacción personal. El caso es que espero poder compartir en este blog tanto experiencias como cosas que vaya aprendiendo, reflexiones o situaciones cómicas de esas que son dignas de explicar por escrito. Dicho esto, ya podemos empezar a hablar sobre nuestra querida amiga traducción, esa que tan amablemente en ocasiones nos trastoca los horarios, no nos deja dormir o nos hace obsesionarnos con los significados de las palabras y los dobles sentidos de las cosas. En la entrada de hoy hablaré sobre algo que he aprendido este año cursando el MTAV gracias a mis profesores de doblaje.
No sé si alguna vez os habéis parado a pensar qué tipo de encargos pueden determinar que un traductor tenga que traducir canciones. Evidentemente, relacionándolo con la temática del blog, esta es una parte del trabajo casi segura en algunos casos de la traducción audiovisual, como por ejemplo en la traducción para el doblaje de películas de dibujos animados. Seguro que os acordáis de más de una canción de las películas que veíais de niños. Pero, llegados a este punto es cuando empiezan a surgir dudas. ¿Hay que traducir todas las canciones? ¿Existe sólo un tipo de canción? ¿Es siempre trabajo del traductor? La respuesta a las tres preguntas anteriores es la misma: no.
Iremos por partes. No siempre hay que traducir las canciones, si entendemos que “traducir” es decir más o menos lo mismo que se decía en el texto original. Es decir, en este caso no consideramos que una adaptación en la que tenga que haber una parte de creación artística por parte de quien hace el trabajo sea una traducción propiamente dicha. Así pues, las canciones casi nunca se traducen, sino que se adaptan, sobre todo si hablamos de las canciones que van dirigidas a un público infantil.
En los productos audiovisuales no existe un solo tipo de canción y, por esta razón, la decisión que tomemos en cada caso será diferente. En primer lugar, tenemos que plantearnos si la traducción es necesaria, ya que, si la canción no tiene nada que ver con el hilo argumental de la historia, quizás no es necesario ni siquiera traducirla. También tenemos la opción de subtitularla si consideramos que lo que dice la letra es una parte importante del hilo argumental pero no es necesaria una adaptación, ya sea porque la canción aparece en mitad de una conversación o porque consideramos que sería mejor dejarla en la lengua original.

Así pues, la última duda que tenemos es la de si todo esto es exclusivamente trabajo del traductor. La respuesta, como he mencionado anteriormente, es que no. Hay algunos casos en los que no es un traductor, sino un letrista quien se encarga de adaptar la canción de un idioma al otro. Uno de los casos en los que suele pasar esto es en las traducciones de las películas de dibujos animados. Esto es así porque en las canciones de las películas de dibujos lo que interesa no es hacer una traducción en la que se diga lo mismo que en el original, sino atrapar la atención del público y que las cosas fluyan con la máxima naturalidad posible. Para ilustrar esto se me viene a la cabeza un ejemplo que siempre me ha encantado. Admiro mucho el trabajo de los tra… digo, de los letristas de Disney, porque creo que siempre consiguen este objetivo. El ejemplo que tengo en mente es de la película El Rey León, concretamente la escena en la que Timón y Pumba cantan una canción llamada en inglés “The Hula Song”. Para que veáis un poco de lo que hablo, os enseño la letra en inglés y la versión española (europea) de la canción:

Loua!

If you're hungry for a hunk of fat and juicy meat,
Eat my buddy Pumba here because he is a treat,
Come on down a dine,
On this tasty swine,
All you have to do is get in line.
Are you aching:
yup yup yup
For some bacon:
yup yup yup
He's a big pig:
yup yup
You can be a big pig too
¡Uau!

¿Tienes hambre, quieres carne cruda pa’ comer?
Toma un poco de jamón verás que gran placer.
Grasa de verdad,
buena calidad,
muestra tu mejor voracidad.
Hay chuletas.
Yep, yep, yep
Tiernas, frescas.
Yep, yep, yep
Pata negra,
Yep, yep.
es un cerdo de verdad, ¡uh!



Como veis, una versión es absolutamente diferente de la otra. Evidentemente, la canción tiene que funcionar en el idioma de llegada, así que es imposible pensar en una traducción literal, ya no sólo por el hecho de hacer el texto más cercano al público receptor, sino también porque hay que tener en cuenta la rima y la métrica de la canción y el ritmo de la música. El concepto clave para poder adaptar bien una canción es el siguiente: debes quedarte con la idea básica del original y, a partir de ahí, crear una nueva versión de la canción que funcione. Si comparáis el original y la adaptación del ejemplo os daréis cuenta de que no hay absolutamente nada que sea igual y, precisamente por eso, funciona a la perfección. El (o la o quizás los) letrista(s) de esta canción han sabido captar la esencia del original y trasladarla de una forma natural al texto en castellano. Después de aprender todo esto, la pregunta que me formulo a mí misma es: pero entonces ¿qué es lo que quieres ser, traductora, letrista o las dos? Creo que la dejaré en el aire y ya veremos por dónde me termina llevando la vida.